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Francisco
03 de mayo de 1997

Mi padre iba a buscar a mi madre al trabajo ese sábado por la tarde. Era puente en Madrid y la A5, a esas horas, no debía tener mucho tráfico.

Nunca quedó claro cómo ocurrió el accidente; nos dijeron que posiblemente otro vehículo había golpeado su coche, haciendo que su GTi azul (era uno de los deportivos más pintones de la época) se llevase las vallas que separaban la carretera de la acera, chocando contra la pared de uno de los cuarteles militares de Cuatro Vientos. Salió despedido por el parabrisas y murió en el acto. No llevaba el cinturón de seguridad.

Después del shock y el caos, del sentimiento profundo de injusticia por no poder disfrutar más de él (esa sensación no se ha ido del todo), intentamos buscar consuelo diciéndonos que había muerto haciendo lo que más le gustaba: conducir. Mi padre era un apasionado de los coches y las carreras, especialmente, los rallys.

Le encantaba trastear (lo que hacía no se puede considerar mecánica) con las herramientas. Llegamos a pintar con brocha y botes de spray un Dyane 6 de segunda mano con el que me enseñó a conducir cuando tenía 11 años. A esa edad ya me había dado fundamentos básicos sobre copilotaje y me había hecho leer un libro sobre técnicas para trazar una curva, controlar un vehículo si derrapa o aplicar una frenada con esquiva.

Más adelante, sería él quien explicaría todo eso en la escuela de conducción segura en la que trabajó (paradojas de la vida) como monitor. Le apasionaba tanto que alguna vez le oí decir que no le importaría que no le pagasen.

María Jesús
19 de febrero de 2017

Jamás olvidaré ese día

Maria Jesús, Chus, es asesinada. A sus 49, ella es una mujer empoderada y recientemente acababa de ser abuela. No hablaba de otra cosa ni se sentía más feliz que por su nieta que con menos de un mes tuvo que dejar.

Ella hacia su vida, por fin, y las cosas se empezaban a encauzar pero su destino era otro. Sufrió un accidente de coche, un choque frontolateral que siega su vida prácticamente al instante y que desmorona todo por lo que estaba luchando. No era la hora de mi madre, no.

Chus es un ser de luz, algo de otro planeta. Una sonrisa siempre lucía en su rostro y sus alas empezaban a volar alto, con lo que eso cuesta. Luchadora incansable, poderosa sin saberlo, ejemplo y generosidad, siempre estaba ahí para todos. Fue mujer, hija, amiga, esposa, madre y abuela, todo en 1,63 de altura y mil cortes de pelo.

Llevaba un tiempo con el pelo de colores, de mil colores. Siempre fue una atrevida en esa cuestión y peinarla el día 20 fue una de las cosas más difíciles que he hecho nunca en mi vida, pero no podía dejar que otras personas lo hicieran. Cuando lo hice, de repente, era ella de nuevo.

Mi madre fue muchas cosas, todos la recuerdan alegre, amable, siempre con la ayuda en la mano y en el oído, pero yo la veo cantar en el coche, limpiar en pijama y dormir la siesta en el sofá.

Iván
17 de julio de 2006
Iván, un chico de 20 años, lleno de vida y de ganas de disfrutarla. Le encanta el fútbol, salir con los amigos, reír, disfrutar de la familia.
Mucho más se podría decir, pero quien es él para nosotros… hijo, hermano, primo, sobrino, tío, colega… Para mí personalmente, mi hermano pequeño, mi confidente, con quien discutir y acabar con un abrazo y riendo de lo bobos que somos.
Para Enrique, su hijo pequeño, con el que le quedan muchas batallas que contar. Con él debería estar aprendiendo a vivir, a disfrutar.
Aprendió Iván, que papá sabía jugar al futbolín y que no era malo del todo; discuten sobre jugadas de fútbol de la Liga o la Champions; tanto que hacer juntos. PEQUEÑO, fue el apodo que le puso.
Para ‘Edi’, Ivan es su hijo pequeño, al que tanto buscó. Se tomaba la temperatura, miraba los días y las horas, creo que hasta los astros, con tal de quedar embarazada de un niño. Y llegó, llegó Iván. Su rubio de ojos azules, tan guapo por fuera como por dentro, fan de ‘DragonBall’. Un pedazo de su corazón, un trozo de ella.
Juan
22 de noviembre de 2014

El niño Juan Bravo tenía muchas ganas de venir al mundo cuando nació con solo 30 semanas de gestación y el peso de solo 1,200 kg. Pasó 44 días en neonatos del Reina Sofía hasta conseguir alcanzar 2,400 kg, ser dado de alta y empezar una vida junto con sus padres y su hermano.

Tuvo sin embargo una complicación por la leche maternal que se le puso en neonatos, que le provocó el cierre de su fontanela y a raíz de ello no podía desarrollarse normalmente; con lo cual, a los 11 meses fue intervenido de una craneoencefálica. Fue el primer niño que se operó en el Reina Sofía de su dolencia y fue tratado conjuntamente con el hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Después de una larga intervención y recuperación le dieron de alta justo para que soplara la vela de su primer cumpleaños junto a su familia.

Tras este hito, y con la ayuda de su pediatra de Moriles, fue evolucionando como nadie esperaba: a pasos agigantados. Acudía también al centro de rehabilitación de Aguilar de la frontera donde se sentía muy contento e ilusionado. Las terapias le daban vida, poco a poco parecía que terminaría poniéndose a la altura de los niños de su edad. Enfrentarnos a todo esto nos demostró que no existe nada imposible y el gran luchador que era el pequeño Juan. Por todos sus problemas, además el niño era muy querido y conocido de la gente, por tener que llevar siempre su cabecita cubierta.

Juan fue un gran modelo, paseando con sus gorrillas que eran lo primero que se ponía antes de salir de casa. También le gustaba mucho jugar a la pelota y subir a caballito de las espaldas de su hermano en las tardes que dedicaban a jugar juntos. Siempre se les veía sacando sus buenas e inolvidables sonrisas.

La mayor de las alegrías fue cuando 3 días antes del triste suceso en una de sus revisiones en Reina Sofía su pediatras le da el alta definitiva que ya la próxima revisión sería para que el niño hiciera si comunión por casualidad fuera sido este año.

Así, llegó la hora de incorporarse a su guardería cuando sus pediatras lo vieron oportuno. Fue complicado conseguir la plaza, que como sus cositas como sus libros y su uniforme, se quedaron sin estrenar.

Noemí
31 de julio de 1965

No es difícil recordar (a pesar del tiempo transcurrido) lo que tanto daño hace. Me refiero a ese día en el que mi hermana pequeña NOEMI de casi ocho añitos perdía la vida en un fatal accidente, ocurrido casi en la puerta de nuestra casa, un camión cisterna la arrollo, por debajo del camión unos cuantos metros.

Fue tan duro, que tantas personas como estaban a su lado y no se pudo hacer nada por ella, ni siquiera mis hermanos. Solamente uno de ellos dos, sacando fuerzas de flaqueza, pudo meterse debajo del camión para sacar a nuestra pequeñita. Mi madre sí intuyo que era su hijita y salió de ella un grito desgarrador diciendo “¡La chica!”. Esto ocurrió un sábado a las 14.30 de un sábado 31 de julio del año 1965.

No seme olvida que mi hermanita justo hacia un mes que había hecho la comunión. En aquel tiempo, las fotografías no era como ahora que se tienen al momento (con tanto adelanto). No, entonces no era así. Justo ese día por la tarde iban a ir a por ellas y tenía tanta ilusión.