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Adrián, 17 años

17 de abril de 2004
Avinguda de Francesc Macià, 70, Sabadell, España
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Adrián: desde que partiste al azul. Mi corazón grita tu nombre al viento esperando respuesta… y el silencio me rompe de dolor. Recuerdo cuándo naciste, tu primer llanto… te pusieron sobre mi regazo y tuve la sensación más hermosa de toda mi vida, el amor más puro y grande que he podido sentir. Me has dado tanto… tantas veces nos mirábamos con ese amor infinito.

Estoy tan llena de amor que nada, nada me podrá separar de ti, nuestro amor es eterno. Gracias ADRIÁN por haber bajado el cielo para mostrármelo en mis sueños. Los 17 años que he podido vivir contigo han sido los más maravillosos de mi existencia. Eso estará siempre en mi corazón.

Adrián, hijo mío, te querré eternamente

Antes de ese fatídico día en el que partiste al azul, mi querido hijo Adrián, pensaba que estas tragedias sólo les pasaba a otra gente, a la vecina del cuarto, a la prima de una compañera de trabajo, a una tía de una amiga etc… pero lo que nunca llegué a imaginar es que esto me podría pasar a mí.

Y siempre me he hecho, y me hago una y mil veces, la pregunta: ¿POR QUÉ HE SIDO YO LA QUE ESTÉ EN ESA LISTA? ¿Quién hace esa lista? Esa lista de padres que deben despedirse de sus hijos, la lista que nos sentencia a vivir el dolor más grande e inimaginable, la lista de la que no se puede huir, y en la que si tu nombre está escrito, tú vida jamás será igual. A veces deseo saber ¿Quién hace esa lista? Y qué se tiene en cuenta para que nuestros nombres estén escritos en ella.

Quisiera saber si debemos sentirnos “honrados o culpables”, para así algún día alcanzar un poquito de paz, o quizás un poco más de amargura. Hay muchos porqués que no tienen ni tendrán respuestas, y el mío es uno de ellos.

Si yo pudiera girar las agujas del reloj… ¿Dónde está nuestra vida? ¿Dónde están nuestros sueños? Ese fatídico día 17 de abril, nos lo robaron todo… Estamos perdidos intentando poner rumbo a un barco que no tiene timón.

Perdidos en un mar en el que no se ve la tierra. Porque nuestra tierra la quiero contigo, y no puedo y no quiero que sea de otra manera. Aquí seguimos en medio de la tempestad , sin rendirnos, porque algún día, algún día Adrián… volveremos a tierra, volveré a tenerte entre mis brazos. Aún sin timón mi barco se dirige a tus brazos. Siempre mi amor, siempre a tus brazos.

Deja tu recuerdo